Una capa no es un disfraz. Es una declaración.
Desde los emperadores romanos hasta los superhéroes, quien se pone la capa deja de ser espectador y pasa a ser protagonista. Yo la llevo en cada palabra que escribo y seguro que a ti también te gustaría llevarla.
Hace dos mil años, un general romano se ceñía el paludamentum púrpura antes de entrar en batalla.
No lo hacía por estética, lo hacía porque en cuanto esa tela ondeaba, toda la legión sabía quién estaba al mando.
En la Edad Media, los caballeros bordaban su escudo en la capa, no por coquetería, sino para que el enemigo lo viera de lejos… y se lo pensara dos veces antes de desenvainar.
Y hoy, en pleno siglo XXI, basta con que haya un trozo de tela ondeando al viento y un giro dramático para que la cultura pop grite: “¡Héroe a la vista!”
¿Y qué tiene que ver todo esto con escribir?
Pues bastante.
Porque escribir para un negocio no es solo juntar palabras bonitas.
Es declarar quién eres, qué defiendes y por qué deberían seguirte y comprarte.
Es dejar una marca antes de hablar.
Es aparecer en escena con algo más que un “hola”.
Yo no llevo espada, ni vuelo por los tejados, pero sí tengo un superpoder: investigar, traducir tu valor y escribir como si el mundo estuviera mirando.
Cuando me pongo la capa, no es de adorno.
Es porque me preparo para ponerle voz a lo que ofreces… y que esa voz venda.
Porque siempre ha sido así: quien se pone la capa, deja claro que no ha venido a ver la historia… sino a escribirla.
Toda marca que admiro empezó con una frase valiente.
Una que rompía el molde.
Una que no pedía permiso para ser recordada.
Una que no temía sonar distinta, aunque de primeras no fuera la mejor.
Yo también empecé con una frase.
Una de esas que parecen un juego…
hasta que te das cuenta de que encierran una verdad.
Esa frase fue mi motor, mi brújula y mi declaración.
Y terminó convirtiéndose en el nombre de mi marca:
Palabras con Capa.
¿Y la de las fotos?
Soy yo. Victoria Criado Giménez, seo copywriter cuando se necesita, copywriter siempre.
En la primera estoy en modo pre-fiesta de barrio y en la segunda en un momento de relax. Sin capa, sin filtros y sin dobleces.
Porque por muy épica que sea la marca, todo empieza con una persona real.
Redactora publicitaria con capas (de contexto, de intención, de estrategia)
y fan de quienes emprenden, aunque el sistema esté diseñado para que desistas antes de empezar.
Manual no oficial de esta humana con capa.
1# Nací en Salamanca, una de las ciudades más bonitas del mundo, pero me he pasado más de la mitad de mi vida fuera.
2# Viví casi 10 años en Madrid, luego acabé en Toronto, Santiago de Compostela… y ahora llevo unos años asentada en Vizcaya.
3# Estudié cine porque las historias me removían tanto que quise aprender a contarlas. Cinema Paradiso me rompió el corazón, pero también hizo que latiera más fuerte.
Y sí, también me vuelvo loca con las pelis de superhéroes. Que ya sé que están muy vistas, pero no me importa.
Me gusta ver (casi) de todo, aunque hay ciertos géneros que disfruto mucho más que otros.
4# También estudié stop motion. La técnica más laboriosa y mágica del planeta. Ahí aprendí que cada milímetro cuenta… y que la paciencia también se entrena.
5# Desayuno té con leche, aunque parezca que luego voy a tejer bufandas con señoras inglesas.
6# Tengo una web de recetas propias (de ensaladas, para más señas). Nadie me paga, aunque no me importaría sacarme un sobresueldo con ella.
Cocinar es mi manera de parar el mundo. Y de cuidarlo, a veces, plato a plato.
Más de una vez he pensado que sería feliz escribiendo recetas y textos de cocina el resto de mi vida.
7# Soy curiosa por naturaleza. Haber sido ghostwriter me convirtió en una especie de enciclopedia ambulante.
Un día escribía sobre aromaterapia, al siguiente sobre bombillas LED vintage y otro sobre crótalos tibetanos.
Durante esas horas, me convertía en “experta” del tema. Y ojo: aún sigo escribiendo encargos de redacción SEO… y no se me da nada mal.
He posicionado cientos de artículos y páginas en las primeras posiciones de los buscadores.
8# Soy maniática. Mucho.
Tengo mis liturgias, mis tiempos, mis cosas. En general, no afectan a los demás, así que las dejo en “rarezas extremas” (quien no se consuela es porque no quiere).
9# Tengo memoria de archivo histórico para ciertas cosas. Recuerdo conversaciones exactas de hace años.
Una vez demostré algo que alguien había dicho por WhatsApp… ¡hacía una década!
El historial no miente. Yo tampoco.
Eso sí, para otras cosas la historia cambia. A veces necesito leer tres veces lo mismo para conseguir retenerlo. Así de rarito es el cerebro.
10# Me fijo muchísimo en cómo se comporta la gente.
Si sus palabras encajan con sus gestos, su mirada, su tono, su forma de tratar a los demás…
A veces es una ventaja. Otras, duele.
11# No tolero la mala educación.
Quien la disfraza de humor o de falsa sinceridad no demuestra ingenio, sino carencias.
Y toda acción nacida de esa falta tiene su reacción inevitable.
12# Mi humor es tontorrón nivel leyenda.
Una persona muy especial siempre me dice que soy mi mejor público. Y probablemente tenga razón.
No hay nada como reírse una de sus propias chorradas. (Y repetirlas, por si acaso.)
13# De primeras, puedo parecer algo «setilla» debido a cierta timidez.
Vamos, que si no te conozco, soy seria.
Pero si me das confianza y pie, empiezo a mostrarme tal y como soy.
De hecho, algo muy habitual es que me digan que soy todo un descubrimiento, porque doy una impresión que luego no se ajusta del todo a la realidad.
Ahora bien, si no conecto con alguien, sigo siendo una seta. Nunca maleducada, pero sí mantengo las distancias.
14# Cuando era chavalina, fui con mi familia a ver un espectáculo de David Copperfield.
Me sacaron al escenario. Fue increíble.
Pero lo más mágico fue conocer al gran Pepe Carrol.
Yo estaba loquita por él a mis 14 años y en ese momento estaba cumpliendo un sueño.
El pobre hombre se fue demasiado pronto, pero aún me acuerdo de su sonrisa.
15# El 99,9 % del tiempo voy de negro.
Es mi equilibrio, mi terreno seguro desde hace más de dos décadas.
Pero hay otro color que me fascina, aunque casi nunca lo lleve: el rosa fosforito.
El choque con el negro me recuerda que hasta lo sobrio necesita un destello.
16# No soy de ir de compras: me da pereza.
Prefiero un mercado con fruta, verdura y encurtidos de mil colores.
Aunque lo admito: siempre caeré en lo mismo… bolsos, calzado, gafas de sol y algún que otro cacharro tecnológico.
17# Siempre tengo varios libros empezados: ensayo, novela, formación… me gusta leer en paralelo.
Y me meto tanto en las historias que a veces hasta me enfado con ellas. Hace poco cerré una novela de golpe porque el giro fue tan cruel que me cabreé.
Ya sé que discutir con un libro no es lo más normal… pero yo lo hago.
18# Siempre he sido un poco satélite.
Hasta que encontré mi órbita: escribir con intención, con estrategia y con una capa que no me cubre, pero me representa.
¿Ves todo esto que te he contado?
